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En 1899: Récord mundial
17 Febrero 2014

En 1899: Récord mundial

El primer automóvil del mundo que sobrepasó la increíble velocidad de 100 km/h fue un coche eléctrico.

Este récord realizado en noviembre de 1899 se mantenía durante tres años, cuando fue rebatido por otro automóvil ecológico, un coche a vapor. El automóvil a gasolina tardó aún bastantes meses más hasta ponerse a las alturas de las demás propulsiones.

Los médicos y los clérigos no lo tenían nada claro en aquel entonces lo que podría pasar al cuerpo humano si rebasase en un automóvil la demoniaca velocidad de 100 km/h. Los unos avisaron que era probable que se perdiera la vista y que los líquidos del cuerpo se solidificasen y por lo tanto los órganos explotasen, los otros estaban totalmente convencidos de que Dios mandaría rayos y truenos a aquellas personas que osasen desafiarle de esta manera. Ambos se equivocaron, y no pasó nada; aún así los dos personajes enzarzados a ver quien fuese el hombre más rápido se asustaron de sus hazañas y decidieron no seguir más allá con la lucha por la velocidad.

En 1895 el francés Charles Jeantaud participó en la carrera Paris-Burdeos-París al volante de su coche eléctrico. Le acompañó un equipo que transportaba varias baterías de reserva, ya que tuvo que cambiarlas 14 veces – por no tener tiempo de perder en las recargas. Llegó triunfalmente de vuelta a París, una hazaña que no lograron todos los participantes. Tres años más tarde el belga Camille Jenatzy ganó en su coche eléctrico a toda la competencia en el circuito francés de Chanteloup, dejando a los coches de gasolina atónitos en ganarles con diez segundos de ventaja. Un mes más tarde el conde Chasseloup-Laubat se laureó como hombre más rápido al alcanzar en su vehículo eléctrico de la marca Jeantaud los 63,158 km/h (kilómetro lanzado). Este acontecimiento controlado por la revista “La France Automobile” tuvo lugar en un parque de Achères, a unos kilómetros al norte de París.

A partir de entonces, el belga Jenatzy y el francés Chasseloup-Laubat empezaron a batirse en duelo en carretera, siempre en el mismo lugar y bajo las mismas condiciones, ambos pretendían ser el hombre más rápido del mundo en automóvil. Una vez ganaba el Conde, que conducía automóviles eléctricos de la marca Jeantaud, otra vez el belga en sus propios vehículos, alcanzando velocidades cada vez más elevadas. Pasaron la barrera de los 70 km/h, los 80 km/h… cuando se dieron cuenta que los motores eléctricos llegaban a sus límites, viéndose obligados a buscar otras soluciones para hacer sus automóviles más rápidos. Jeantaud optó por la utilización de planchas de acero más lisas, recubrió los bajos de su vehículo y preparó una carrocería con un frontal cuniforme, acercándose a las ideas de la aerodinámica que se pusieron en moda mucho más tarde. Con un automóvil así preparado el Conde Chasseloup-Laubat alcanzó los 93,724 km/h en marzo de 1899; la batalla parecía ser ganada. Pero Jenatzy envió desde Bélgica el aviso que no se rendía.

Llegaría con un automóvil preparado para llegar al no-va-más de entonces, a rebatir los 100 km/h, una velocidad mágica que nadie recomendaba. Jenatzy se presentó con su modelo “La Jamais Contente” (“nunca satisfecha”), que parecía más bien un cigarro sobre ruedas. Era de hecho muy redondeado, pero aún guardaba más sorpresas: para aligerar su peso ha sido fabricado enteramente de un tipo de aluminio llamado Partinium, muy costoso, pero muy ligero y hasta aquel entonces nunca utilizado en un automóvil.

Su bólido llevaba dos motores eléctricos, uno en cada buje de las ruedas delanteras, de 25 kW cada uno, que atacaron directamente a las ruedas sin piezas intermedias. En las primeras pruebas el belga iba a tanta velocidad que el responsable del cronómetro olvidó ponerlo, y nunca sabremos a qué velocidad iba. En el segundo intento todo quedó oficialmente controlado y comprobado: Jenatzy había alcanzado los 105,85 km/h, todo un récord, todo un susto, todo un desafío. El mundo tardó 36 meses en batir este récord.

Tras los desafíos en velocidad llegaron los desafíos en autonomía. En julio de 1899 el conde Chasseloup-Laubat recorría en un automóvil eléctrico 140 kilómetros sin recargar las baterías, un año más tarde Louis Krieger aumentó esta cifra a 170 kilómetros en un automóvil de su propia marca, y en 1900 el BGS francés alcanzó los 262 kilómetros sin tener que recargar . Un año más tarde Louis Krièger aumentó la marca a 307 kilómetros.

En 1994 el Lion’s Club apoyó la iniciativa de Christian Wannyn a crear una réplica del coche de Jenatzy, el original había quedado en el Palacio de Compiegne en estado lamentable sin motor y sin neumáticos. Con la réplica se pretendía crear un automóvil que pudiese participar en presentaciones y carreras actuales. Tanto Michelin en el tema de los neumáticos como Fulmen en las baterías – ambos ya suministradores de los componentes originales – se volcaron para crear la réplica, mientras que los motores eléctricos los propuso la casa Leroy-Somer; la empresa Postel-Vinay, que había suministrado los motores originales, ya había desaparecido.

Mientras tanto, y al ver que el coche original no se restauraba y los propietarios no querían que se utilizase, más el cada vez peor acceso a la réplica del Lion’s Club, cuyo propietario octogenario se retiró, el belga Xavier Van der Stappen, una de las personas más carismáticas en el sector de la ecomovilidad belga, optó por fabricar una segunda réplica de la Jamais Contente de Jenatzy.

Xavier Van der Stappen contó al director ejecutivo de la americana Historic Electric Vehicle Foundation (www.hevf.org) que esta réplica se encuentra actualmente en el Museo belga “Autoworld”. Según Van der Stappen el vehículo ha sido reconstruido basándose en planos facilitados por un ingeniero del Museo Compiegne, donde se encuentra actualmente el original, por lo que se le puede calificar como muy auténtico. En las salidas con esta replica se suelen utilizar ruedas más grandes que los originales, ya que ruedan mejor, pero para exposiciones se pueden montar las ruedas en tamaño original.

Xavier Van der Stappen también contó que hay otra réplica de este modelo en Japón, parece ser totalmente hecho de madera, por lo que sea más bien algo lúdico que no circula. Van der Stappen es presidente de la Asociación Cultures & Communications que da a conocer los conocimientos tradicionales de los pueblos africanos. Además, entre muchas cosas, es etnógrafo y sus hazañas consisten en realizar largos trayectos cruzando muchas fronteras en pequeños vehículos eléctricos. En 2009 fue de Dakar a Bruselas en un monoplaza eléctrico con asistencia humana (50 km/h – 200 km de autonomía); y en 2010 realizó el trayecto Copenhague en Dinamarca hasta Cape Town en África del Sur en otro cochecito eléctrico (110 km/h – hasta 400 km de autonomía).

Actualmente está involucrado, junto con un grupo de técnicos y diseñadores preparar un coche eléctrico de tres ruedas para una producción en serie en Bélgica.
www.icare-green.eu; www.icarenest.eu; www.coptocap.org

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