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Los coches eléctricos - un puente del pasado al presente y futuro
10 Diciembre 2018

Los coches eléctricos - un puente del pasado al presente y futuro

Ya es oficial, por lo menos sobre papel: el coche eléctrico sustituirá al coche de gasolina. Esto lo que dice el ejecutivo español, que sea más o menos el 2040 cuando ya no se pueden vender coches que no sean eléctricos, y que sea 2050 cuando se prohíba la circulación de cualquier vehículo que contamine. En este reportaje intentaré crear el primer, y no el último, puente entre el pasado y el futuro, que pasa obligatoriamente por el presente...

A lo largo de la historia ya hemos pasado varias veces por la idea de una administración o un gobierno de poner fecha a un cambio sustancial, sea de nuestra forma de vida, de un sistema tecnológico o simplemente para prever algo que podría pasar. Decir una fecha, lo más lejano posible, siempre invita a discusiones, con lo que queda claro que sirve, por lo menos, para hablar más detenidamente de una temática en concreto. Hablar más del coche eléctrico siempre es bueno, ya que se le ha ninguneado durante demasiado tiempo; una fecha clave y contundente despierta las pasiones y ayuda a cada uno posesionarse en el mundo y sus ideas. Será un deseo, y quizás una necesidad, no obstante, nada puede confirmar que así será, ya que nadie puede saber lo que va a pasar mañana. Aún pasarán muchos años, en las cuales, si el pronóstico se cumple, tienen que ocurrir muchas cosas y se tienen que resolver muchas incógnitas.

Pero a lo que vamos aquí es a la historia, un tema casi olvidado cuando se habla de los vehículos eléctricos. Olvidados, ninguneados, y con información incompleta casi siempre. Que más profundizamos en esta fascinante historia, más se puede confirmar: las informaciones que se pueden leer en los medios y en Internet se complementan cuando uno busca realmente la información, pero siempre quedan superficiales y tendenciosos en las pocas referencias históricas que se dan a esta temática cuando se narra la evolución del automóvil.

A las grandes empresas, tanto automovilísticas como de suministros de petróleo no les interesa mucho hablar del pasado del coche eléctrico, para ellos la información solo sirve para dejar claro que la propulsión eléctrica no servía, no cumplía las exigencias establecidas ni, probablemente, las cumplirá jamás. Pues, son exigencias, conceptos pensados en aquel entonces que han cambiado totalmente nuestro enfoque de la realidad, ya que tanto temas como la velocidad máxima, el ruido característico de un automóvil o de una moto, cuantos kilómetros puede circular sin repostar, etc., todas estas son conceptos cuestionables, nos tenemos que preguntar si realmente son importantes. ¿Por qué debe ser importante el ruido de una moto? – ¿nos hace sentir mejormenos? ¿Realmente hacen faltan velocidades más allá de los 140 km/h hoy día? ¿Y autonomías de entre 800 o 1.000 kilómetros, si en más del 95% no hacemos este kilometraje en un día. La mayoría de los automóviles contaminantes hoy en uso no circulan ni 50 kilómetros al día.

Cuando ya el petróleo escasea y se subirán los precios de tal manera que solo los ricos pueden pagárselo, y cuando la contaminación atmosférica y el cambio climático obliga a cambiar de actitud frente a un producto que produce exactamente eso: una tremenda dependencia a una esencia de la tierra que escasea y que no se reproducirá jamás, y que ya hace que las grandes ciudades son inhabitables a pesar de que van a ser el refugio de la mayor parte de la población mundial. Si llegamos a este momento ya será demasiado tarde de salvarse.

Cuando allá a finales del siglo XIX – entre los años 1880 y 1899 – las grandes ciudades europeas y americanas se inundaron en los heces de los caballos (una contaminación a base de productos naturales, pero que ensuciaba tanto las calles que no se podía transitar sin pisar “las cacas”), se quería resolver el problema con la introducción de vehículos eléctricos de todo tipo, tanto furgonetas, furgones y autobuses, como taxis y modelos particulares, todo con el fin de reducir la presencia de los caballos en las ciudades, principalmente. La idea era muy buena, ya que el vehículo eléctrico no producía gases, ni ruido, y, tampoco, excrementos. También se presentaron los primeros coches con motores de gasolina, pero éstos echaron mucho humo, hicieron un ruido tremendo y además no podían ni garantizar un uso tranquilo debido a que debido a las explosiones de la mezcla de bencina con el aire dentro de sus motores los vehículos se sacudieron como si se tratarán de perros con sarna.

Nada recomendable, pues. La electricidad, en cambio, entrando lentamente en las casas de ciudad en aquellos años, prometía un futuro mucho mejor. Y para resolver los muchos problemas que aún había, se ingeniaron constantemente nuevos conceptos. Para las pesadas baterías de plomo se buscaba nuevas alineaciones, se crearon los primeros estaciones de recambio completa de baterías, se pensó en el alquiler de las baterías con el fin de transmitir cualquier problema directamente al fabricante, y, al mismo tiempo abaratar el precio de compra del vehículo, se instalaron garajes específicos con postes de recarga para controlar bien las recargas, sobre todo nocturnas, y se crearon todo tipo de servicio para complacer a la clientela, como, por ejemplo, la recogida del automóvil por la noche para llevarlo a una estación de recarga y entregarlo con las baterías recargadas por la mañana antes de que fuese solicitado.

También se crearon las primeras líneas de autobuses eléctricos que se recargaron a final de cada trayecto enganchándose a una línea aérea de corriente, y los primeros servicios de taxi, ya comprados en cantidades y por lo tanto con un servicio de recargas controladas en la sede de cada empresa. La idea cuajó, y podría haber sido la solución para las grandes ciudades. Pero el destino de la humanidad era otro: la gasolina (la bencina) era un producto sumamente barato, desechado al principio, que, por lo tanto, podía transformarse en un gran negocio si se explotara adecuadamente. Y a partir de este momento se introdujeron muchos millones de dólares en la perfección de los motores y sus componentes. Los que vivieron del petróleo sabían que estaban trabajando con un producto que un día ya no estaría disponible, pero como se calculaba que esta fecha sería en unos 200 años, dejaron el problema a resolver para las futuras generaciones. ¡Ya están aquí estas generaciones, que tienen que resolver los múltiples problemas que el uso discriminado del petróleo ha producido a lo largo de los años! La contaminación atmosférica solo es uno de los problemas, la gran masa de plásticos que inunden nuestros mares otro más.

El petróleo sin duda ha dado al automóvil y al vehículo en general una vida emocionante, tanto tecnológicamente como de sensaciones, y unas supuestas libertades que, bien estudiadas, no han sido tales, ya que más bien ha creado unas dependencias fuertísimas cuyos lazos hoy día son difíciles de soltar. Y ha creado una inmensa contaminación, que, a pesar de que no se quiere hablar mucho de ello es un hecho real y es uno de los mayores problemas a los que se enfrenta actualmente la humanidad. Es cierto que en aquella época se optó por algo que podría existir unos 200 años, pero sin pensar en posibles soluciones, y, ni siguiera, ser conscientes de la gran factura que después habrá que pagar, y que nadie hoy día sabe cómo poder hacerlo. Los destrozos que está produciendo el uso desproporcionado del petróleo ni hoy día son calculables, desde su contaminación en la atmosfera hasta los grandes desastres naturales de su explotación y distribución. Ni siguiera se sabe con certeza cómo se rellenarán – y con que – los grandes pozos petrolíferos explotados y “vaciados”.

No extraña pues que visto lo visto los gobiernos de todo el mundo buscan febrilmente como poner freno a esta explotación tan exagerada y cómo ofrecer una alternativa que pueda convencer a los humanos. El coche eléctrico no es la panacea, pero podría serlo, si todos trabajamos en nuevas soluciones comunes que por un lado acepten que la electricidad tiene que ser limpia procedentes de fuentes renovables y que por el otro lado se tiene que crear una unión de muchos factores en su uso, de la cual el coche solo es una parte. Llas baterías recargadas de los coches eléctricos tienen que formar una simbiosis con la electricidad que se precisa en otras partes, en momentos de mucha demanda, y además tienen que combinarse con la energía que se precisa en el habitad.

La evolución del coche eléctrico desde su inicio ha sido constante, y mucho más avanzado de lo que parece cuando se lean las anales de la historia común, siempre dando todos los elogios solo a los avances de los coches con motor de combustión. Esta ya más que demostrado que muchos avances técnicos en las baterías, los motores eléctricos y sus componentes, se han callado y olvidado en el tiempo, por la razón de que siempre se tenía que medir con las prestaciones de los coches a motor de combustión, y, sobre todo, a su gran autonomía. Lo que concretamente no se suele decir por no interesa es que el coche eléctrico entrega casi el 90% de su energía directamente para su uso, mientras que el coche de gasolina no utiliza ni el 30% de le energía disponible en su carburante. O sea, tiene unas perdidas tremendas que al usuario le cuesta mucho dinero.

El coche eléctrico siempre nos acompañaba en cualquier de las muchas crisis de la humanidad. Fue el primero en aparecer de nuevo cuando empezaron las contiendas nacionales e internacionales, declarando de inmediato la electricidad como una energía nacional a proteger, ya que reducía la dependencia de caros líquidos importados y en aquellos años muy limitados. O sea, la electricidad nos ayudaba a no depender de fuentes de energía de fuera.

El Ministerio de Industria de España organizaba en 1947 una gran feria en Madrid solo dedicada al coche eléctrico, para demostrar la oferta que había en el país y la gran utilidad de los vehículos eléctricos para los quehaceres diarios. Con todo apoyo ministerial. Es curioso constatar que años más tarde, cuando nuevamente fluía el petróleo, todo aquello fue olvidado y el respetivo ministerio insistía en decir que ¡nunca se había matriculado un coche eléctrico en España! Pues, no se había matricula ni solo uno, sino cientos de ellos. En Japón en los últimos años 30, cuando empezaron los conflictos bélicos con el mundo entero, había diez fabricantes de autobuses eléctricos ofreciendo sus modelos… hoy día nadie se acuerdo de ello. O, probablemente, no quiere acordarse de ello.

Cuando el mundo salía del trauma de las guerras y posguerras y el petróleo salía a borbotones que cuestan aún hoy una inmensa cantidad de divisas a cada país, nadie quería recordarse de los vehículos eléctricos ni hablar de posibles alternativas. Hasta que vino una nueva crisis, esta vez del petróleo, los productores del oro negro querían beneficiarse aún mucho más de sus riquezas y ¡Cortaron el grifo! Con el grito al cielo, las grandes naciones dependientes de este líquido negro tenían que restringir el uso del automóvil y buscar febrilmente alternativas a esta amenaza. Surgieron nuevamente ideas interesantes y novedosas… olvidadas poco después cuando el oro negro salió de nuevo y todo el mundo aceptaba las nuevas exigencias, y precios, sin rechistar, olvidando cualquier otro invento.

De esta manera hemos continuado hasta nuestro tiempo, descalificando, olvidando, y también, hay que decirlo, comprando inventos interesantes para después dejarlos olvidados en cajones cerrados, o protegerlos por patentes que nadie podía eludir. Al tener que pagar royalties sobre cualquier detalle tecnológico, no se podía avanzar en una dirección directa para lanzar algo espectacular con el fin de salir del yugo del petróleo. Hoy la humanidad se está lentamente despertando y dándose cuenta de la inmensa manipulación que ha vivido en los últimos cien años, tanto referente a la importancia del tráfico individual, del estatus del automóvil para los deseos y principalmente para el Ego, como la imperante necesidad de vivir de esta manera no dejando ningún flequillo para que la humanidad este preparada para un cambio drástico.

Actualmente los vehículos eléctricos parece que tengan un futuro más esperanzador, pero las fuerzas oscuras ya se están preparando para volcar cualquier idea de los gobernantes de cambiar sustancialmente las estructuras actuales, que no vaya ser que pierdan un ápice de sus grandes negocios. Ahora es el momento que la población se despierte de su inmensamente largo letargo referente a las energías, su uso y su procedencia, y que aprenda ya que lo que nos ha servido durante muchos años se está agotando, y pronto habrá crueles guerras comerciales para distribuir lo poco que queda. La hora del cambio ya ha llegado.

Un dato: Los expertos reunidos en Ginebra durante la celebración del Salón Internacional del Automóvil de 2008 remarcaron que la tracción eléctrica es muy importante para el futuro, ya que su eficiencia en el vehículo es el doble que una tracción normal. Remataron con un impresionante ejemplo: Con un barril de petróleo crudo un automóvil convencional puede realizar un trayecto de unos 2.700 kilómetros, la distancia desde Lisboa a Berlín. Si se utiliza esta misma cantidad de petróleo para producir energía eléctrica, el coche eléctrico podría circula unos 4.500 kilómetros, ¡o sea más o menos la distancia que separa Lisboa de Moscú!

Foto portada: Flota de camiones Lloyd eléctricos para el correo alemán en 1908  Foto: Archivo Manz
Foto 02: 106 unidades Ward eléctricos para Corby Baking, 1926, Foto: Archivo Manz
Foto 03: y otra flota de Wards para Borden's Milk  Foto: Archivo Manz
Foto 04: Slaby Behringer eléctricos de Alemania, para su exportación a Japón en 1922, Foto: Audi
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