Bajo el lema de que conducir un coche eléctrico da mucha alegraría, el especialista suizo SSP (Scholl Sun Power) presentó a principios de 1997 su modelo Biz, un biplaza deportivo que pretendía mostrar las grandes habilidades de las que son capaces los automóviles eléctricos.
Pierre Scholl, en su tiempo participante asiduo en todas las carreras internacionales de vehículos eléctricos que se celebraron en aquellos años finales de los 90 – poco antes de entrar en el nuevo milenio que cambió estructuras y pensamientos – y además propietario de una de las mayores empresas independientes de este tipo de automóviles, recalcó en su día que la importancia de su Biz radica en la motricidad a las cuatro ruedas, gracias a la instalación de un motor asincrónico en cada uno de los ejes. Con un peso de 31 kg, los dos motores desarrollaron 120 CV en conjunto, suficiente para acelerar el bólido hasta los 200 km/h y dar un repris impresionante.Las 14 baterías de plomo pesaron unos 400 kg, a lo que se tenía que añadir los 600 kg del automóvil, con carrocería ligera de fibra de vidrio y un fuerte bastidor de tubos de acero más un arco de seguridad. Gracias a la ubicación de los acumuladores en las partes bajas del automóvil, repartidos en todo el bastidor descansando sobre planchas de aluminio, se había conseguido una excelente adhesión a la carretera partiendo de un punto de gravedad muy bajo. Con sólo 3,3 metros de largo, el Biz de hecho es sumamente compacto. El mando de los motores está asegurado por dos convertidores electrónicos especialmente desarrollados por SSP para toda una gama de vehículos eléctricos que fabricaba este constructor en pequeña serie. Una electrónica de a bordo permitía un control total de las baterías, el estado de su carga y una recarga individual de cada una de ellas.
SSP anunció en su momento la posible compra de este modelo a un precio que rondaba los nueve millones de pesetas, sin las baterías, que podrían haber sido de plomo, con un coste de unos 250.000 pesetas, o de níquel-cadmio con un precio que rondaba los 1,8 millones de pesetas; todo ello antes de que el Euro entrase.
Tras los cambios de mentalidades una vez entrando en el nuevo milenio, y la parada completa durante años en la evolución de los vehículos eléctricos – apoyado e instigado por el entonces gobierno de los Estados Unidos que prefería las guerras por el petróleo antes que un pacífico desarrollo de energías alternativas – SSP no sobrevivía por muchos años más. La empresa fue un importante pionero en nuevas ideas para hacer muy atractivos los vehículos eléctricos.
Fotografías: Archivo Manz Okopress